Éste es el glamour de Electric Challenge

Éste es el glamour de Electric Challenge

¡Comparte y divulga aquí!

Tras 24 días seguidos en la carretera recorriendo España con un coche eléctrico, la gente ya empieza a decirme, “Jorge, después de casi 10.000 kilómetros de ruta, ¡seguro que tienes montones de anécdotas que contar!”. Para arrojar un poco de luz sobre esta cuestión, me parece conveniente contar cómo ha sido, por ejemplo, mi día de hoy, en un intento de desmitificar lo que, desde fuera, puede antojarse como un viaje de ensueño, pero que en la práctica tiene menos glamour de lo que puede parecer.

Hoy me he despertado en Almería, a las 6am, y me he ido del hotel a las 7am, sin desayunar. Acostumbro a salir temprano y sin perder el tiempo, para evitar el tráfico de la hora punta de las ciudades. Una vez en carretera, he caído en la cuenta de que era sábado y que no había motivo para madrugar tanto, pero en cualquier caso conviene llevarle algo de ventaja a la jornada. El coche estaba cargado al 100%, con una autonomía de 400 kilómetros aproximadamente, suficientes para ir y volver de Beires, un municipio de apenas cien habitantes de la provincia de Almería. Ésta es la estructura de la ruta que replico en cada provincia; llegar a la capital y después visitar el municipio menos poblado de la provincia.

Al llegar a Beires, no ha salido todo el pueblo a saludarme. Nadie me esperaba con pancartas y tampoco se ha asomado nadie a ningún balcón para interesarse por mí. No me tiran flores, ni hay una orquesta tocando para anunciar mi llegada. Lo cierto es que ni siquiera me he cruzado con nadie, así que me he limitado a hacer las fotos de rigor, publicarlas en Twitter y retornar a Almería. Debo hacer fotos y publicar en redes sociales para la certificación del Récord Guinness.

A continuación tengo que seguir camino hacia Granada, no sin antes recargar la batería del coche. La autonomía ha caído a 250 kilómetros con la excursión a Beires y, aunque Granada está a sólo 170 kilómetros de distancia, el camino es casi todo cuesta arriba, un análisis que debe realizarse siempre que se viaja con vehículo eléctrico. Además, uno nunca sabe si el punto de recarga con el que cuentas en destino va a funcionar, así que siempre conviene ir sobrado de autonomía, por lo que pueda pasar. Esto implica quedarme en Almería y, durante cuatro horas, recargar el coche. Sí, cuatro horas, porque en Almería no hay puntos de recarga de los denominados “rápidos”, con los que solamente tardaría noventa minutos. Así que he pasado cuatro horas paseando por Roquetas de Mar, sin mucho que hacer, más allá de desayunar, tomar café, y mirar obsesivamente la app del móvil que me indica cómo progresa la carga de la batería.

Con la carga al 100%, a golpe de las 13h, me he venido por fin hasta Granada, donde he tenido que ir a MercaGranada, en las afueras de la ciudad, una de las pocas alternativas en la ciudad para recargar un vehículo eléctrico. Hay otros puntos de recarga pero, al ser sábado por la tarde, no todos están disponibles, y lo más expeditivo era MercaGranada. Los puntos de recarga están en tan mal sitio, que nunca los ha utilizado nadie, es decir, ¡los he estrenado yo!. El tiempo de recarga estimado que dice mi app es de 5 horas, así que no tengo más remedio que irme a mi hotel, en el centro de Granada, y pensar en comer algo, porque ya son las cuatro de la tarde.

Podrás pensar que tengo toda la tarde para pasear por Granada, pero con un sol de justicia que cae, y después de haber paseado ya cuatro horas por Roquetas de Mar esta mañana, no me quedan muchas ganas de hacer turismo, así que he regresado al hotel y aprovechado para escribir estas líneas.

Mañana, con la batería al 100%, tendré que ir hasta Juviles (pueblo menos poblado de Granada), regresar, cargar (durante tres o cuatro horas otra vez) y seguir camino hacia Jaén, donde repetiré la operación nuevamente, un poco como en la película “Atrapado en el Tiempo”.

Mi vida de las últimas tres semanas se parece a la de una banda que está de gira por toda España, pero en mi caso sin drogas, sin sexo y sin rock and roll.

Lo que condiciona la diversión es, esencialmente, la existencia o no de carga rápida, porque los tiempos muertos muy prolongados durante la jornada restan mucha flexibilidad a la ruta. Dado que tengo un calendario que cumplir, casi nunca puedo quedarme mucho tiempo en un determinado lugar (pueblos pequeños, particularmente) para “buscar la anécdota”.

Dicho esto, sí me suceden cosas divertidas e interesantes. Cuando visité el municipio menos poblado de Cuenca, Vindel, me recibió el Alcalde, su hermana, su sobrino (un bebé), y sus padres. Cinco personas en total, para un pueblo de doce habitantes…

 

 

El padre (allí presente) se había presentado contra el hijo (el alcalde) en las recientes elecciones municipales, porque nadie se iba a presentar por parte la oposición. Me contaron que, si no hay nadie para presentarse, los partidos políticos acostumbran a enviar un candidato cualquiera, que no tiene ni que haber vivido en el pueblo, ¡o ni siquiera haberlo visitado jamás! Para evitar la entrada de “un forastero”, optaron por esta estrategia. Lo curioso es que, aunque los partidos políticos se afanan por mandar candidatos y llenar estos vacíos, no se preocupan mucho más allá de las necesidades del pueblo.

Vindel, por ejemplo, dispone de internet hace solamente un año… UN AÑO. Con anterioridad, se tenían que ir a las afueras del municipio para poder tener conexión y enviar, por ejemplo, un WhatsApp. También se quejaban de que no existen ayudas, o que las ayudas no funcionan como debieran. Se conoce que existen subvenciones para montar casas rurales, pero primero uno debe hacer la inversión, y luego pedir la subvención, con el riesgo que ello comporta. Me dijeron que el fenómeno de la España vaciada no tiene solución, y que Vindel morirá, como otros tantos pueblos que me he encontrado cerrados a cal y canto a lo largo de mis 10.000 kilómetros recorridos hasta la fecha.

Se despidieron de mí con un melancólico “gracias por venir”; me parecieron gente muy entrañable y acogedora.

En definitiva, alguna anécdota sí puedo contar.

Lo más impactante por ahora ha sido encontrarme, al salir de una curva (entre Teruel y Cuenca), cuatro enormes buitres en mitad de la carretera, despedazando los restos pegados al asfalto de un desafortunado animal. En cuanto me detectaron, alzaron el vuelo, a cámara lenta, y huyeron hacia las alturas. Me parecieron unos animales elegantes y majestuosos.

Seguiremos informando.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *